MARTA SANZ.

Marta estudió en Virgen del Pasico y guarda muy buenos recuerdos de aquella época. Recuerda como si fuera ayer, por ejemplo, la primera vez que Jaime, uno de sus profesores favoritos, le explicó cómo funcionaba el sistema circulatorio. Marta sentía una gran curiosidad por todo lo que tuviese que ver con el funcionamiento del cuerpo humano. Le parecía algo misterioso y cada explicación del profesor, todo un descubrimiento. Por eso, cuando unos cuantos años más tarde Marta vio que su paciente era nada menos que Jaime, su profesor, le dio un vuelco el corazón. Para ella era como si el destino le hubiese dado la oportunidad de agradecerle todo lo que hizo por ella. Porque si Marta acabó siendo cirujana fue, en gran parte, gracias a aquellas clases de primaria en las que descubrió su vocación.

JAIME GARRIDO.

Jaime es profesor desde los veintiséis años y lleva desde entonces impartiendo clases. Cada año conoce a toda una nueva generación de niños que empiezan sus clases y despide a otra que abandona el Centro Virgen del Pasico tras haber finalizado sus estudios. Guarda recuerdos de todos ellos y reencontrarse con ellos y que le cuenten cómo les va es una de las cosas que más le alegran. Siente una gran satisfacción cada vez que uno de sus antiguos alumnos le cuenta que es feliz y que ha conseguido prosperar en la vida. Pero su reencuentro con Marta fue especial. El más especial de su vida.

PALOMA CAMPOS.

Paloma es la mujer de Jaime y se acaba de llevar el susto de su vida. Cuando le llamaron del hospital tardó en reaccionar. ¿Que su marido estaba en quirófano? Pero si esa misma mañana se habían despedido con un beso, como siempre. Hasta que no le vio abrir los ojos al despertar de la anestesia no consiguió respirar tranquila. Lo que no imaginaba era lo que ocurriría después.

PABLO GARRIDO.

Pablo, el hijo de Jaime, no sabe si preocuparse más por su padre o por su madre. Su padre nunca había estado enfermo y quiere creer que se recuperará rápidamente y que pronto volverá a sus clases, que es lo que más feliz le hace en el mundo. Así que se agarra a ese pensamiento y trata de parecer tranquilo, para que su madre se tranquilice también. Por suerte, todo va bien. Mejor que bien. No solo podrá ver cómo su padre se recupera, además asistirá a uno de los momentos más felices de su vida en el que los límites entre lo profesional y lo personal se funden en un abrazo.

ALFREDO MARÍN.

El Doctor Marín es una de esas personas que supo elegir bien su profesión. Por eso, cada vez que un paciente supera sus problemas, siente una gran satisfacción personal. Pero sabe que si eso ocurre cada día es gracias al trabajo de todo el equipo que compone el personal del Hospital en el que trabaja y procura que todos lo sepan. Por eso, cuando Jaime le dio las gracias, le faltó tiempo para explicarle que el mérito no era suyo. Fue él quien, sin saberlo, facilitó el reencuentro entre Marta y Jaime. Ese día se marchó a su casa más orgulloso que nunca de su trabajo.